Abraham Omonte Rivero
En una de mis búsquedas diarias de noticias, me enteré que hace unas semanas inició sus operaciones un bus articulado entre las ciudades de La Paz y El Alto, como iniciativa privada de un ciudadano interesado en el desarrollo del país. Otros conductores del servicio Expresso tienen interés en adquirir nuevas unidades de segunda mano, provenientes de Suiza. Leyendo otros detalles, también me enteré que, como no podía ser de otra manera, la gente que gusta de vivir en el siglo IV y medio ya reaccionó.Radico hace menos de un año en Quito, Ecuador, y acá el servicio lleva ya alrededor de 15 años. Entonces era alcalde Jamil Mahuad, quien posteriormente fue electo presidente de la República. Más allá de evaluar la gestión completa de dicho burgomaestre, considero que ésta fue una de sus más importantes iniciativas. Hoy, existen tres sistemas de buses articulados, que transportan alrededor de 9.000 pasajeros por hora cada uno. La ciudad tiene alrededor de dos millones de habitantes, y se constituye en el medio de transporte más apropiado para una ciudad en expansión. Las vías estrechas del centro histórico no son un obstáculo para estos buses, tampoco las vías empinadas que, si bien no tienen las pendientes de ciertas calles paceñas, no representan una gran dificultad. En un inicio, desde luego, hubo resistencia de la población, y especialmente del servicio de transporte, pero hoy, década y media después, se constituye en un referente importante para el país.
Recién hace dos o tres gestiones se pudo aplicar el mismo servicio en la costeña ciudad de Guayaquil, con los consabidos cambios y disputas, pues no todo el mundo estará de acuerdo con iniciativas semejantes a ésta. Lima, una de las ciudades más grandes del continente, recién implanta este servicio desde 2008 (ignoro si ya operan los buses en cuestión, pero al menos sí había un proyecto aprobado en agosto de la pasada gestión). Bogotá posee un servicio con certificación de las Naciones Unidas por su calidad ambiental, y es pionera en este rubro.
La modernidad del transporte urbano no significa sólo tener “buses más cómodos y bonitos”, sino principalmente por la inteligente gestión del espacio público. No es para nadie desconocido que La Paz se caracteriza por ser una ciudad poco cómoda o con la que la gente se sienta muy contenta. Otro tanto sucede con El Alto, y ni qué decir de aquellas urbes que todavía carecen de gran parte de los servicios básicos, la infraestructura y equipamiento mínimo para estar a la par de otros importantes conglomerados. El servicio de transporte de los minibuses tuvo su época de gloria, y fue una gran ayuda, especialmente para los barrios marginales, pero su fin está a punto de llegar. Es hora de dar paso al siglo XXI. La tesis usual y bastante gastada es que los conductores “se quedarán sin fuentes de empleo”, viejo argumento que siempre nos va postergando, ignorando o queriendo ignorar que cuando una persona se queda sin trabajo, con seguridad generará una nueva estrategia para sobrevivir. De hambre no moriremos, eso lo comprobamos durante décadas.
El sistema de bus articulado no se queda en el transporte, sino que existen otros servicios conexos, todos muy importantes, como la seguridad, la limpieza, e incluso el traslado de pasajeros a las estaciones, que acá se denominan alimentadores (buses privados con rutas definidas que llevan a los pasajeros a las principales estaciones). Los mismos transportistas podrían cubrir esos u otros servicios necesarios. Todo es cuestión de saber negociar, a fin de que todos salgamos ganando, y no sólo unos cuantos, como siempre fue. Lo que vi y aprendí conversando con los ciudadanos que utilizan el servicio, no es que el transporte privado haya desaparecido, sino que se transformó.
Algo que me llamó la atención al leer las noticias de Bolivia, es que se tenga la intención de traer los buses de Suiza, de segunda mano, por un costo de $us 40.000. Evidentemente, el precio resulta ventajoso, si los comparamos con los alrededor de $us 200.000 que costaría uno ensamblado en Colombia, pero si se tratara de un proyecto municipal, que involucre también al sector privado, sin duda resultaría altamente beneficioso tanto para el municipio como para la ciudadanía.
La construcción de las estaciones o paradas intermedias donde bajarían y subirían los pasajeros, sin duda también acarrearía un importante movimiento económico, no sólo por la mano de obra que demandaría, sino también por las fuentes de trabajo que generaría para los operadores, así como el personal de limpieza y seguridad. Ni qué decir de los infaltables comerciantes minoristas, toque de pincel que forma parte del variopinto paisaje urbano.
De concretarse esta feliz iniciativa en la principal urbe boliviana, creo que las avenidas más apropiadas por las cuales podrían circular son la Mcal. Santa Cruz (barriendo, de paso, con tanto minibús que sólo asfixia la ciudad), y otras vías similares como la Buenos Aires, Sucre, Tejada Sorzano y también la Av. Busch.
Hace años hubo una iniciativa municipal de construir el tren elevado. Hubo oposición de los representantes del transporte sindicalizado (los bolivianos somos especialistas para oponernos al cambio, la modernidad, el desarrollo, y también expertos en reclamar por la postración en que vivimos). El servicio de buses articulados también tendrá sus obstáculos a superar, pero con el apoyo decidido de la ciudadanía, se daría un importante salto cualitativo, pero las primeras informadas, no aparentemente, sino realmente informadas, deberán ser las autoridades municipales.