Se quedó parado ante la vitrina de la óptica que queda al lado de la farmacia. Su vista estaba algo agotada y sufría, por ello, frecuentes dolores de cabeza. Consideró que era tiempo de ponerle un remedio a la situación. Vio las ofertas que tenía aquella óptica. Le atraía un par de lentes con montura dorada y cristales ahumados. Sin embargo, otro de nácar con filamentos metálicos le pareció más atractivo aún.
Los brazos con resorte que permitían ser estirados le convencieron por considerarlos prácticos a la hora de quitarse los lentes. Hizo sus cálculos financieros: los de más bajo precio parecían ser los indicados, pero el recuerdo de que debía comer le hizo pensar algo más. Al final, tomó la decisión apropiada: compró un par de aspirinas.
jueves, 27 de agosto de 2009
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