jueves, 27 de agosto de 2009

Terco

Pese a los muchos ramos con tarjeta de condolencia, el anuncio necrológico en el periódico, el catafalco con todos sus accesorios, el sacerdote administrando rezos, los dolientes y el pulcro ataúd, el muy imbécil no dejaba de asegurar que seguía vivo.

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